Escritos

Sol LeWitt posee un lugar privilegiado en la historia como un artista que fungió a la vez como teórico del arte conceptual. Creyó de manera fehaciente en el artista como generador de ideas. Fue un intelectual pragmático que añadió una nueva dimensión al papel del artista, marcando una etapa de transición del modernismo al arte contemporáneo, lejos del expresionismo abstracto o de cualquier tipo de romanticismo. Para LeWitt, la obra de arte es la idea en sí misma y cómo ésta puede ser considerada un trabajo y una obra per se, poniendo énfasis en el proceso o el proyecto sobre la construcción de la obra. Un artista debe estar dispuesto a concebir una obra de arte y delegar su producción a otros o quizá, en otro extremo, ni siquiera tener que hacerla. La obra de LeWitt deambula entre el dibujo, la fotografía y la escultura, así como la producción de murales efímeros y proyectos editoriales.

En este libro se presentan sus propios escritos, cartas, enunciados, entrevistas, diagramas y esquemas, que nos dejan ver un pensamiento estructurado y sistemático, una especie de matemática formal. LeWitt fue un artista fundamental para su generación y en buena medida sigue siendo indispensable para comprender el presente.

“Los artistas conceptuales son más místicos que racionalistas. En un segundo l egan a conclusiones que la lógica no puede alcanzar”

$220.00

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SKU: 9786077985266 Categorías: , Etiqueta:

Detalles del libro

ISBN

978-607-7985-26-6

Formato

14 x 21.5 cm

Editorial

Editorial Alias

Sobre el autor

Sol LeWitt

Sol LeWitt

Exponente fundamental del arte conceptual, con un ulterior desarrollo (a finales de los sesenta y en los setenta) de la convicción de que la idea que sustenta una obra de arte es más importante que su propia concreción material. Produjo estructuras modulares de madera o metal, pintadas en negro y más tarde, en blanco.
A partir de 1964 es profesor de la Escuela del Museo de Arte Moderno, de la Cooper Union, de la Escuela de Artes Visuales y de la Universidad de Nueva York. Se define como artista conceptual y rechaza la etiqueta de minimalista. En 1967 empieza a hacer dibujos sobre paredes que son cubiertos cuando termina la exposición, siendo, por tanto, más conceptuales que objetuales; pueden ser ejecutados por operarios, y adaptados a un espacio dado. Al igual que las estructuras, siguen un sistema direccional establecido por el artista. Su génesis es lingüística y matemática; la idea se desarrolla en un texto donde se explican las leyes geométricas en las que se basará la obra.