¡Viva el rock!

 

 

 

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Como un golpe de rayo. El glam y su legado, de los setenta al siglo XXI

Al igual que en su influyente libro sobre postpunk, en Como un golpe de rayo Simon Reynolds hace algo más que recorrer de manera exhaustiva la historia de un género. Al abordar el glam en tanto celebración del artificio y culto a la imagen, revela de qué manera supuso una ruptura con los valores propios de rock hippie de fines de los años sesenta –la autenticidad y el compromiso político– y un primer ensayo del tipo de sensibilidad que más tarde llegaría a ser conocida como posmoderna. Estrellas como David Bowie (cuya trayectoria funciona como columna vertebral del libro), Lou Reed, Alice Cooper, Roxy Music, New York Dolls y T. Rex dejaron en evidencia con su despliegue teatral, su maquillaje andrógino y su vestuario alienígena, que el pop antes que un reflejo de la realidad es una vía de escape a través de la fantasía y el fanatismo.

Como un golpe de rayo trata acerca del poder de la ficción y de cómo la ingeniería de la excitación, la planificación de la controversia y la manipulación se volvieron parte esencial de la maquinaria del espectáculo. Al mismo tiempo, recupera estas experiencias del pasado en tanto laboratorios de experimentación estilística y sexual, trazando un linaje que hunde sus raíces en el arte del siglo XIX, el camp y el warholismo, y que se proyecta en la obra de figuras como Prince, Madonna, Marilyn Manson, Lady Gaga y Beyoncé.

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El tiempo es un canalla

En plena crisis de madurez, Bennie Salazar, que en los setenta formó parte de una banda punk y ahora es un alto ejecutivo de la decadente industria discográfica, se echa copos de oro en el café para recuperar el apetito sexual. Sasha, su asistente, después de haber viajado mucho y no siempre en circunstancias felices, se trata de su cleptomanía con un psicoanalista que viste jerséis estrambóticos. En torno a ellos se despliega una variopinta red de personajes, desde una relaciones públicas que intenta lavarle la cara a un general genocida hasta un periodista que ha estado en prisión por abusar de una estrella de cine adolescente. Con el rock palpitando en cada una de sus páginas, El tiempo es un canalla es un entramado fascinador que pasa por lugares como Nueva York, San Francisco, Kenia,

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Postpunk

Si bien existen cientos de libros que documentan aquellos años en los que el punk desafió al status quo de la música con su nihilismo de tres acordes y la ética do it yourself, Postpunk. Romper todo y empezar de nuevo es el primero en recuperar a aquellas bandas que supieron ver en las condiciones generadas por el punk la oportunidad para establecer una verdadera ruptura con la tradición y experimentar por fuera de los estrechos parámetros del rock. Entregados a la tarea de profundizar la revolución iniciada por el punk, grupos como PiL, Joy Division, The Fall, The Slits, Devo, The Residents, Throbbing Gristle o Liquid Liquid exploraron territorios previamente desconocidos al incorporar las técnicas de producción del dub y la música disco, las radicales estrategias compositivas del krautrock, la música contemporánea y el free jazz, y el groove y la economía sonora del funk. Pero no solo de música se alimentó el postpunk: Cabaret Voltaire tomó prestado su nombre de Dada; Pere Ubu adoptó el suyo de Alfred Jarry; Gang of Four, inspirado por Brecht y Godard, trató de deconstruir el rock; los letristas absorbieron la ciencia ficción radical de J.G. Ballard, Philip K. Dick y William S. Burroughs; y bandas como The Pop Group o Contortions se inspiraron en el teatro de la crueldad de Artaud para romper las barreras entre el público y el escenario. Al purismo estridente del punk, el postpunk le opuso eclecticismo e hibridez. Y a su tradicionalismo rockero, un imperativo de cambio constante.

Escrito seis años antes que Retromanía, en este libro el crítico británico Simon Reynolds le rinde homenaje a una de las últimas vanguardias que dio el rock, “más que un género musical, un espacio de posibilidades que engendró incontables géneros y escenas”. Si bien aquellos años del postpunk que van de 1978 a 1984 vieron nacer a muchos grupos que luego gozaron de una enorme fama –como New Order, Depeche Mode, The Cure o U2– su historia no fue escrita por los vencedores: muchos de ellos grabaron discos innovadores pero nunca alcanzaron más que el estatus de grupos de culto, teniendo que conformarse con haber influenciado a megabandas como Red Hot Chilli Peppers, Nine Inch Nails o Radiohead o alimentar la retromanía actual de bandas neopostpunk como The Rapture, LCD Soundsystem, Franz Ferdinard o Interpol.

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